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domingo, 9 de febrero de 2014

Pizza de pinchos, espárragos y huevitos de codorniz

Si tuviera que poner todos los ingredientes de esta pizza en el título, este sería interminable, así que lo resumo casi a lo esencial. 

No iba a subir esta receta, que en realidad es más que nada una idea, y la foto que veis forma parte del proyecto 365 que estoy llevando a cabo. Es más, en pleno periodo de trabajos, la hora de cenar y yo sin foto del día... tuve que aprovechar, y la verdad es que tuvo éxito. Así que, viendo que la pizza gustaba (porque la foto en sí, pocas probabilidades de éxito tenía) y la combinación de sabores gusta mucho en casa, me ha parecido una buena idea publicarla. 





La he preparado un par de veces, cada una de ellas con una masa distinta  y con alguna pequeña variación que después os indicaré, pero ambas igual de sabrosas. La masa es la misma que preparé en la primera entrada de pizzas, a la que os recomiendo añadir un poco más de sal porque esta vez de nuevo me pareció que la masa estaba un poco sosa, a pesar de que yo suelo comer con poca sal. La otra masa que me encanta es esta de Gastronomía y cía, que lleva cerveza en su composición, con un sabor distinto. La primera vez que la preparé fue sin huevitos y con tiras de pimiento asado, la segunda al revés. Creo que la próxima vez se lo pondré todo,  porque como ya os dije el pimiento asado es una de mis comidas favoritas, así que no podía faltar. 

Algo que no podía pasar por alto es la forma en que preparo los espárragos para esta pizza. Quizá si os pasa como a mí miráis imágenes de recetas en Pinterest, a veces en busca de inspiración para la presentación, otras para una idea rápida... el caso es que constantemente, también en blogs americanos, veía la expresión "shaved aspargus", es decir, espárragos laminados y se me ocurrió que era una buena forma de degustar una pizza que incluyera este ingrediente sin que quedara demasiado duro o difícil de morder en la porción, así que decidí probar, y la verdad es que ahora empleo la técnica en más de una ocasión. 


INGREDIENTES (esta vez para 4 personas que como lleva muchas cosas llena bastante):

  • Masa de pizza (con la que os pongo en el enlace da para cenar 4 personas bien)
  • Tomate frito
  • Queso mozzarela fresco
  • Mozzarela rallada
  • Pinchos de pollo (unos 150 - 200g)*
  • Espárragos
  • Cebolla
  • Champiñones
  • Pimiento asado (opcional)
  • Huevos de codorniz
  • Sal, aceite, orégano.

Notas: los pinchos que yo uso son los mismos que venden en las tiendas Pollos Planes, por si no sabéis dónde encontrar esta clase de pinchos que no sean de cerdo, que son los más comunes. Si no, siempre podéis adobar unos tacos de pechuga de pollo como más os guste.

La ELABORACIÓN, paso a paso. 

1. Preparamos la masa de pizza con tiempo suficiente. 
2. Precalentamos el horno a 180-210º
3. Cortamos la mozzarela a rodajas. Extendemos una capa de tomate frito sobre la(s) base(s) estirada(s) y repartimos el queso. 
4. Cortamos los pinchos grandes en trozos más pequeños para que la cocción sea uniforme. Se cocinarán a la perfección dentro del horno. 
5. Laminamos la cebolla y los champiñones: si tenemos mandolina acelerará el proceso considerablemente, posición 3-4 mm.
6. Para laminar los espárragos, primero los limpiamos y a continuación, utilizando el pelador de patatas, sacamos láminas de la pieza desde la base de la punta hasta el final de la pieza. Para que las puntas nos queden bien hechas podemos ponerlas unos 30s en el microondas con un chorrito de aceite unas gotas de agua y un poco de sal. 
7. Salamos un poco la verdura y la repartimos sobre la base de la pizza. Sobre esta, los pinchos, espolvoreamos con oréganos y un poco más de mozzarella rallada. 
8. ¡Al horno!
9. Mientras tanto cascamos en un plato los huevos de codorniz y cuando la pizza esté terminando la cocción los repartimos sobre esta, los salamos un poco si queremos y dejamos unos minutos más en el horno hasta que la clara (y la yema si queréis) este cuajada. ¡Listo!


¡Qué aproveche!

viernes, 23 de agosto de 2013

Falsos espaguetis de calabacín a la boloñesa

Como ya dije en la entrada del pastel de zanahoria, era muy posible que hasta mediados de agosto no volviera. Bien, tal y como me suponía así ha sido, era imposible, a pesar de tener conexión a internet intentar siquiera el publicar, pero ya estamos con la segunda mitad de agosto adelantada y aquí estoy de nuevo. La que os traigo es una receta que preparé a principios de julio, no fue más que una idea que primero había visto preparar con col, pero como esta no me gusta pensé en adaptarla  a otro vegetal un poco más atractivo. Después, no recuerdo donde, vi algo con unos calabacines y fue entonces cuando pensé en hacer estos falsos "espaguetis", que unas semanas después de haber probado salieron con otra salsa y muy parecidos en la revista Lecturas. 

Es una receta sencillísima (como casi todas las que os propongo por lo general) y que se ha convertido una de mis preferidas pues después de esta vez que le hice la foto la he vuelto a preparar y... me encanta. Es, además, para los que tengas superproducción de calabacines a causa de los huertitos familiares, una magnífica receta de aprovechamiento que no da demasiado trabajo (aunque a primera vista pudiera parecerlo no se tarda más de 20-30 minutos en prepararla). Se trata, también, de una receta que según cómo la preparemos (con más o menos aceite, una carne más o menos grasa...) es un plato siempre saludable pero también apto para la mayoría de dietas de pérdida de peso, pues no contiene hidratos, resulta saciante, y ya no es la típica pechuga de pavo asada a la plancha con unas rodajas de calacín


Cambiando de tema, he podido probar algunas cosas típicas de la gastronomía alemana durante mi estancia en Jena, aunque os aseguro que, excepto por los spatzle, no ha sido gracias a la comida de la universidad, que cada día era peor que la del anterior... así pues, probé los bretzels, los spatzle (me animaré a prepararlos, que hace tiempo en Webos fritos publicaron una receta), los röstis de patata (que estaban muy ricos, acompañados de jamón de la Selva Negra), también las salchichas típicas en una barbacoa que nos prepararon a modo de recepción, no eran frankfurts, sino algo más parecido a longanizas gruesas y que estaban de muerte y el pato que, según me comentaron los que eran de allí, es típico navideño... seguro que probé algo más pero ahora mismo no me acuerdo. También en Londres he podido probar algunos de los platos británicos más típicos que en ocasiones anteriores no pude, como el las bangers & mash (salchichas con puré), el pie&mash... y fui a ChinChinLab, que aunque no era típico me hacía muchísima ilusión probar esos helados preparados en el momento: el de Rhubarb Lemonade fue todo un acierto, sobre  todo combinado con una salsa de rico chocolate Valhorna del 60%. No me podía creer que fuera a estar buena esa mezcla pero me fie al final del chico de la heladería y acerté. Era cremosísimo a pesar de ser más bien una especie de sorbete, pues no llevaba ningún tipo de crema en su composición. Eso sí, mis padres no recomiendan para nada tomarse un café allí, que por lo que se ve... no era muy bueno. Bien está saberlo. Eso sí, aunque de nuevo pude disfrutas de los numerosos puestos de comida que hay en Camden, y también de los del mercadito de Greenwich que no podía dejar de visitar, me queda la espinita de no haber podido ir al Borough market a pesar de lo relativamente cerca que estaba de mi hotel.

De nuevo a lo que nos interesa, vamos con la receta, en la que lo único un poco más delicado es cogerle el punto al calabacín pues si os gustan crujientes y poco hechos como a mí no habrá problema, pero si os gustan tiernecitos soltarán agua, este es un punto que tengo que intentar perfeccionar, pues a mí me van poco hechos y no me sueltan casi nada pero....

INGREDIENTES para 2 personas (a ojo):

Para la salsa boloñesa:
  • ajo al gusto
  • 1 cebolla mediana
  • 1 zanahoria mediana
  • medio pimiento verde italiano (opcional)
  • carne picada de pavo
  • tomate natural triturado (unos 300 ml por dar una cantidad aproximada)
  • aceite de oliva
  • sal
  • bicarbonato/ azúcar para rectificar la acidez del tomate si fuera necesario
Para los espaguetis:
  • 1 calabacín mediano tirando a grande o 4 pequeños.

La PREPARACIÓN, paso a paso:

1. Partimos el calabacín o los calabacines por la mitad y con ayuda de la mandolina hacemos láminas de unos 5 milímetros de grosor. A continuación, en montoncitos de tres o cuatro láminas hacemos tiras de un par de milímetros o tres de ancho para conseguir nuestros falsos espaguetis. Reservamos.
2. Picamos ajo al gusto y lo sofreímos. A continuación picamos el resto de las verduras muy pequeñas y añadimos primero la cebollita hasta que poche un poco, después la zanahoria y, finalmente, el pimiento.
3. Añadimos la carne picada. En este punto, añadimos sal al gusto y cuando la carne empiece a estar hecha añadiremos el tomate natural para que se fría poco a poco. Si no hubiese el suficiente, podríamos añadir un poco de aceite antes del tomate, pues de la buena fritura de este depende el buen sabor de la salsa. Cuando el tomate esté hecho, bien rojito, si fuera necesario rectificaríamos su acidez con un poco de azúcar o de bicarbonato (según la costumbre de cada uno) y el punto de sal. 
4. En una sartén con una cucharada de aceite caliente añadiremos, sin salpimentar para que no suelten agua, las tiras de calabacín que en cuanto estén hechas a nuestro gusto sacaremos del fuego y entonces salpimentaremos. 
5. Emplatamos como si de unos espaguetis normales se tratara y añadimos un poco de parmesano rallado, que les aporta un aroma y un sabor insuperable. 


¡Que aproveche!

Caleidoscópica.

jueves, 4 de julio de 2013

Pollo al curry con manzana

Aunque los exámenes acabaron hace más de una semana no había tenía tiempo de actualizar hasta hoy. Bueno, en realidad no es que no hubiera tenido tiempo, que lo he tenido. De hecho había empezado a redactar el contenido de esta entrada de una forma un poco personal sobre el hecho de haber terminado la carrera ya, cuánto la había disfrutado... y demás cosas similares. Pero tenía pocas ganas de escribir. Estaba saturada de trabajos, exámenes... y lo único que necesitaba era hacer "otras" cosas, según mi madre asimilar las vacaciones, que no consistieran, básicamente, en escribir, pero aquí estoy de nuevo, mucho más descansada ahora, pues no quería dejar pasar un jueves más sin actualizar. 
Traigo un pollo al curry muy suave que preparé no hace mucho, un domingo que comía sola, y sale para dos o tres personas, así que tengo otra porción esperando en el congelador, a ver qué tal se mantiene la textura de la salsa y si el sabor sufre alguna modificación durante el congelado. Me viene muy bien hacer estas pruebas, porque me gusta saber qué congela bien y qué no, pues así sé cuándo puedo hacer más cantidad de una receta determinada que resulte laboriosa para tenerla a mano en otra ocasión, incluso lista para el táper (mi gran amigo). 



La receta es una mezcla de varias, entre otras cosas porque tenía un bote de leche de coco en la despensa que todavía no caducaba pero estaba ya "aburrido" de estar allí cogiendo polvo, además, mi intención era recrear la salsa al curry de una conocida marca que antes comercializaban y que ahora, desde hace un par de años, no he podido volver a encontrar en ningún supermercado de la zona. Tampoco de Valencia capital, y como no es un producto gourmet pues tampoco está en estas tiendas. Se vende otra de otra marca, pero al llevar mango el sabor no era el mismo, a mí me gustaba la otra, con el toque de manzana, apenas imperceptible pero presente, sin duda. Así que con estos ingredientes de base y un bote de curry por empezar en el cajón de las especias me dispuse a hacer una mezcla a mi aire, un poco de aquí, otro de allí... Todo con las cantidades que me parecía que podrían adecuarse más al sabor final que buscaba. 

Elaborando este pollo al curry (bueno, y a partir de ahí con todo lo que he ido cocinando estos días después de haber terminado los exámenes) me he dado cuenta de que he cogido una mayor soltura en la cocina, de que poco a poco soy capaz de preparar recetas que no solo tengan bastantes ingredientes sino que, además, estos tengan, cada uno, un procesado diferente, porque no es lo mismo que se vaya añadiendo todo de uno en uno sin apenas trabajo, frente a que cada producto lleve un "tratamiento" distinto, por así decirlo. Hay que decir que no es que tenga muchos ingredientes pero entre cortar el pollo, rallar la manzana, picar la cebolla... Así lo sentí también con la receta dulce que subiré próximamente. También me doy cuenta de que cada día lo disfruto más, no importa si es para mí sola o para siete, aunque el aumento de trabajo es proporcional, pero, sobre todo, me encanta cortar verduras, rallarlas, picarlas... siempre me había gustado, ahora me relaja. Bueno, picar una cebolla no, para qué os voy a engañar, porque cualquier día, con eso de que no puedo ni abrir los ojos es posible que me corte, y al final acabo picándola con miedo.

Después de tanta disertación filosófica sobre mis progresos en la cocina y el relax que siento al hacer en daditos (¿brunoise? creo que no, porque yo lo de pequeñito y todo igual...ahora estoy intentando aprenderme los nombre de los tipos de cortes y me encantaría asistir a un curso de corte de vegetales, a ver si surge la ocasión), vamos con la receta.

INGREDIENTES para 2 o 3 comensales (acompañándolo de arroz)

  • 2 pechugas medianas
  • 1 manzana grande
  • 1 cebolla mediana
  • pasas al gusto (opcional, porque también pondremos en el arroz)
  • 200 ml de leche de coco
  • 100 ml de agua
  • 1 chorrito de vino blanco
  • 1 cucharadita de curry en polvo
  • aceite
  • sal

ELABORACIÓN paso a paso

1. Cortamos las pechugas en trozos de unos 3 cm máximo.
2. Ponemos a calentar la sartén a fuego medio y, mientras, picamos la cebolla finamente.  Sofreímos.
3. Mientras se sofríe la cebolla rallamos la manzana.
4. Cuando la cebolla empiece a estar transparente añadimos las pechugas a la sartén.
5. cuando las pechugas empiecen a tomar un poco de color añadimos un puñadito de pasas, la manzana rallada, el curry y le damos un par de vueltas para después añadir un chorrito de vino blanco. Dejamos evaporar el alcohol.
6. Mezclamos la leche de coco con el agua y la añadimos a la sartén. Salpimentamos, pues la leche de coco es muy dulce y la sal de lo anterior no es suficiente. Cocinamos a fuego medio bajo  y removemos constantemente para que vayan mezclándose los sabores y dejamos que la salsa reduzca un poco. Tiene que quedar espesita, no líquida del todo. Si vemos que sabe mucho a la leche de coco podemos ir añadiendo agua a poquitos, de modo que conforme vaya evaporando se suavizará*.
7. Una vez añadida la leche de coco, tendremos una cazuela con agua hirviendo, este será el momento de hervir el arroz, de modo que una vez esté hecho, mientras dejamos reposar unos minutos el curry, saltearemos el arroz con un poquito de ajo, aceite y unas pasas (sí, en mi receta hay pasas en las dos cosas porque me gustan mucho) en una sartén.
8. Servimos el arroz acompañado del curry.

NOTA: en esta receta utilicé 200 ml de leche de coco. Cuando la vuelva a preparar creo que lo haré usando en vez de 200ml de coco y 100 de agua, 100 ml de coco y 200 ml de leche normal (incluso de nata, pues uqedaría más cremoso, pero prefiero la leche para aligerar), pues, cuando lo comía, el "regusto" final que dejaba el coco llegaba a cansarme. De todos modos, es un plato donde el curry acompaña al arroz y no al revés, así que es algo a tener en cuenta, se servirá una porción pequeña o mediana de carne y unos 70-100gr de arroz aproximadamente por persona según lo hambrientos que estemos, glotones que seamos...
 
En cuanto a la imagen: no he conseguido hacer una foto decente de este plato, al final, dándole vueltas y más vueltas hice un recorte casual y me gustó más lo que contaba del plato, aunque, en mi opinión, siempre es mejor una foto apaisada para este tipo de recetas. Se nota que la hice con prisas, porque quería comer y tenía que seguir estudiando. Otras veces he preparado el trípode y los cubiertos antes y he hecho las fotos. Esta vez, sin embargo, supongo que debido a los exámenes y demás, no monté ni trípode ni nada, y se nota. Fotografíar "a mano alzada" implica que hay que disparar a velocidades más rápidas, también una ISO más alta para que entre más luz y profundidades de campo menores que implican que no todo lo que está dentro de la imagen quede enfocado, quedando borrosa buena parte del plato por mucho que lo intenté, y que, sin en la fotografía de elementos en serie resulta atrayente, no lo es tanto en un plato salado. Reconozco que no tengo la voluntad necesaria como para que se me enfríe la comida, pero considero que con un poco de planificación pueden sacarse buenas imágenes. Estoy poco a poco evolucionando también con la cámara, aprendiendo bien cómo manejarla y, sobre todo, el porqué de las cosas, por eso sé dónde tiene los errores "técnicos", sin pensar en la composición, esta imagen. No quiero aburriros con historietas fotográficas, pero es algo que voy practicando junto con la cocina, no puedo desligarlo y, el redactarlo, me ayuda a reflexionar.

¡Saludos y que aproveche!

Caleidoscópica.

jueves, 30 de mayo de 2013

Salsa de pollo y lechuga con toque cítrico

Aunque pueda parecer repetitiva os traigo otra receta de pollo en salsa. Pensaréis que soy poco original, pero ya os dije que en mi casa cocinamos muchas recetas con esta carne, por otro lado tan saludable y versátil. Y este plato os va a conquistar por lo sencillo, lo ligero y lo sabroso.

El motivo principal de la abundancia en cuanto a recetas de pollo, es que mi madre tiene una pollería y por ello es algo que tenemos muy a mano. Aunque por esa misma razón, si uno no lo ha pensado antes, un domingo cualquiera en que apetezca preparar algo que lleve pollo es posible que no haya más que unos huesos para caldo en el congelador. Nos ocurre lo mismo que con la fruta y la verdura: compramos en el mercado, al día y por eso mismo nunca tenemos grandes cantidades en casa. Además, mi padre es agricultor (puestos a explicar los oficios de la familia os lo cuento todo) y también tenemos según la temporada abundancia de ciertos vegetales. La receta de hoy es una suma de ambas circunstancias: pollo de la tienda y lechuga de la huerta (algún día subiré una foto de las lechugas que cultiva, porque son enormes, todo un espectáculo). 

Mientras leiáis lo anterior habréis pensado ¿pollo y lechuga? Pues sí, hay mucha gente que la lechuga solo la ubica en una ensalada pero hay que reconocer que está más que buena en otro tipo de preparaciones: el hervido de lechuga con solamente un chorrito de vinagre es uno de mis preferidos, teniendo en cuenta que no soy muy de hervido y que no puedo ni ver las acelgas... y este plato no creo que fuera igual si se preparara con espinacas, que también me gustan mucho, o acelgas. 







Se trata de un plato que se prepara prácticamente solo, dejándolo a fuego lento, y que lleva muy pocos ingredientes. Es muy ligero, si quitamos la piel del pollo (que solemos dejar porque ayuda a hacer un pelín más espesita la salsa) es un plato adecuado para cualquier dieta, pero yo como no me lo como por dieta, sino por placer, aprovecho para mojar algo de pan tranquilamente porque la salta está de vicio con el toque cítrico del limón. Hay que pensar, sobre todo, en que como no tiene apenas grasas, ni lleva nata, ni va frito y es necesario complementar las proteínas con hidratos, así que es un plato la mar de saludable. 

Lo único en su contra: que no es nada bonito, la verdad, ¿para qué engañarnos? no es que la comida tenga que ser bonita, pero cuando sacamos un plato a la mesa nos gusta que esté presentable. No obstante, os aseguro, aunque me repita, que con su sabor os conquistará, el toque del tomate, junto con el del limón... y las texturas, todas muy suaves. Así que sin entretenernos más, vamos a ello. 

La receta la prepara mi madre desde hace mucho tiempo, antes ya la preparaba mi abuela, y ahora os la traigo yo, porque no dudo ni un momento en que es uno de los platos que en un futuro formará parte de mi recetario habitual, vamos que es una receta familiar de las que van de generación en generación. 

INGREDIENTES (las cantidades son a ojo) para 3 personas:

  • Medio pollo grande cortado a trozos pequeños
  • Media lechuga mediana (hay que tener en cuenta que cruda abulta pero una vez ha sido cocinada se reduce muchísimo) cortada en juliana (pero no muy pequeña)
  • 1 cebolla mediana que cortaremos a trozos medianos
  • 1 o 2 tomates de pera maduros medianos rayados.
  • El zumo de medio limón 
  • Sal
  • 2 cucharadas de aceite
  • 2 dientes de ajo partidos por la mitad
  • 1 chorrito de agua

La PREPARACIÓN paso a paso (aunque esta es tan sencilla que ni pasos tiene):


1. Ponemos todos los ingredientes en una cazuela, tapamos y cocinamos a fuego medio-bajo removiendo de vez en cuando hasta que veamos que el pollo está hecho. 

2. Una vez esté hecho, si vemos que queda la salsa muy líquida no hay más que destapar la cazuela y dejar que evapore unos minutos. 


¡Salud y buen provecho!

jueves, 2 de mayo de 2013

Pollo en salsa de nata y almendras

Estamos ya en mayo, y con ello me doy cuenta de que acabo de entrar en la recta final de mi carrera. Los pocos exámenes que me quedan están a la vuelta de la esquina, no queda nada para entregar el trabajo de fin de grado, y unos cuantos trabajitos más que por suerte son más breves porque si no... Mis niveles de estrés están por las nubes y no paro, pero intentaré seguir con el blog hasta finales de junio con la normalidad debida, aunque espero que me perdonéis si alguna semana no puedo publicar.

La verdad es que muchas veces lo que más pereza me da es el tema fotográfico, no porque no me guste, que bien que salgo los fines de semana a fotografías cosas, sino por el montaje que conlleva. Aunque cada vez disfruto más pensando cómo lo presentaría. Así que cuando monto el "equipo" pues intento aprovechar ese momento para fotografíar varios platos, aunque no siempre quedo al 100% satisfecha con los resultados. Estoy aprendiendo a usar mi cámara nueva,(que era una de mis ilusiones lo de tener una buena cámara y en diciembre me hice el ánimo aunque estaba muy contenta con la compacta porque tenía incluso modo manual, algo muy útil) y hago intentos. La foto de hoy es uno de esos intentos de los que no estoy del todo orgullosa pero que creo que en cierto modo sí que transmiten lo que es plato: se aprecian las texturas, el color, los ingredientes... y es que si no, no publicaría nunca, así que poco a poco iré aprendiendo un poquito más sobre cómo presentar y fotografiar los platos para que transmitan lo que yo quiero, al fin y al cabo la práctica hace al maestro. En este caso, lo de fotografiar salsas era nuevo para mí y no lo tenía muy claro... ya veréis como tengo otra salsa que presentaré a no muy tardar con una foto casi igual.  

Bueno, dejemos de lado mi vida bloguero-personal y hablemos del plato, que bien lo merece.

 
Con esta receta inauguro la sección dedicada al pollo en este recetario. Es una sección bastante amplia en nuestra cocina del día a día ya que es una carne es muy versátil y según la parte que escojamos podemos comer platos completamente diferentes: no es lo mismo un muslo de pollo al horno, que unas pechugas con nata... Y además es muy sano ¿qué más podemos pedir?
La receta que hoy os traigo está en mi casa desde que yo era pequeña, ya la preparaba mi abuela, ahora mi madre y en futuro supongo que seré yo la depositaria de esto que hoy quiero compartir con vosotros. Esta vez la preparamos juntas porque yo hay muchos platos de los que tengo la idea pero si no los preparo, no me quedo con los pasos y me daría mucha pena que algunas recetas se perdieran.

Es un plato sencillo de preparar y muy resultón, aunque en contra puedo decir que el aporte calórico es significativo, pero ya lo compensaré con otra receta de pollo muchísimo más ligera (como os digo, este tipo de preparaciones no faltan en mi casa). Puede acompañarse con unas patatas fritas cortadas a cubos grandecitos que quedan espectaculares al mojarse con la salsita. Es una receta ideal para preparar de un día para otro, que solo hay que calentar con cuidado en la misma cazuela a fuego no muy alto para que no se pegue. Solo puedo decir que a mí me encanta, ¡ah!, también añado que para llevar en el tuper aguanta muy bien, pero hay que intentar no sobrecalentarlo. De hecho yo me llevé una ración la semana pasada, con las patatitas y estaba para no dejar de mojar pan...
Y ya, dejando de lado las alabanzas al que es uno de mis platos preferidos, vamos con la receta.

INGREDIENTES:
  • Pollo
  • Aceite
  • Sal
  • Patatas para acompañar
Para la salsa:
  • 200 ml de nata para cocinar*
  • 15 o 20 almendras
  • 1 diente de ajo
  • Unas ramitas de perejil
  • 2 o 3 cucharadas de tomate frito (Solis o casero, cada uno ya a su gusto)

La PREPARACIÓN paso a paso
1. Salamos el pollo y lo freímos en una sartén hasta que esté bien doradito.
2. En el accesorio picador de la batidora, ponemos las almendras, el ajo pelado y el perejil y lo picamos bien. No queremos grandes trozos de almendra pero sí que se noten los cubitos. 
3. Retiramos una parte del aceite de freir el pollo, dejando solo un par de cucharadas, y sofreímos el picadillo anterior hasta dorar.
4. Añadimos la nata y el tomate frito y mezclamos bien. Dejamos que cueza un poco, salamos y añadimos el pollo. 
5. Aligeramos la salsa añadiendo un poco de agua. En este caso en proporción a la cantidad de pollo, añadimos alrededor de medio vaso de agua, pero esto, a gustos. 
6. Dejamos reducir y que hierva la nata unos minutos. 
7. Si decidimos acompañarlo con unas patatas, solo hay que cortar estas en "cubitos" de tamaño medio, freírlas y añadirlas a la salsa, dejando que den un hervor para que se queden un poco blanditas y cojan el sabor. 

NOTA: * podemos susituir la nata para cocinar por crema ligera (a mí me gusta mucho la de Puleva, con la que sustituyo la nata en casi todas las preparaciones), que le resta una cantidad considerable de calorías consiguiendo prácticamente idénticos resultados (casi me gusta más así que queda un pelín más ligero).


¡Salud y buen provecho!

Caleidoscópica